EL VERBO QUE HABITA LA HERIDA / Por Ana C. Blum
POR: ANA CECILIA BLUM/ ECUADOR/ Y LA MUERTE SE MUERE/ ODALYS INTERIAN/ CUBA L a voz poética nos convoca con un canto de “aleluyas que ensanchan la vena del sol”. Las palabras, lentamente, se vuelven instrumento de la herida: intentan ordenar los fragmentos de la muerte, exhibiéndolos ante la luz, como quien convierte lo oscuro en reliquia de misericordia. Desde el inicio, una de las imágenes más potentes —“Dios mide el tiempo con su sombra”— abre las puertas de un espacio sagrado, donde el devenir no es lineal, sino sacramental. El tiempo no se escapa: se encarna. Se habita. Escribir es principio reconciliador y, al unísono, martillo que golpea los verbos del dolor hacia el cuerpo, hacia más adentro. La poeta se vuelve vidente, y el poema, altar de oráculos colectivos. En su médula vibra la filosofía del infinito. El texto pregunta: “¿Qué es sentir? ¿Qué es hilar un rastro en la tormenta?” No hay respuestas absolutas, solo la lucidez que transforma al yo en algo inalcanzable, per...