ESE AGUJERO NEGRO QUE NOS ABSORBE / por José Hugo Fernández

 




                               ESE AGUJERO NEGRO QUE NOS ABSORBE

 Hace unos pocos años, el memorable poema de Dylan Thomas No entres dócilmente en esa buena noche (Do not go gentle into that good night), obró como leitmotiv de una película sobre cierta expedición terrícola que se proponía explorar el interior de un agujero negro. De tal modo, unas siete décadas después de haber sido escrito, el poema en cuestión seguía renovando sus potentes destellos al convertir en tropo de la muerte el más ininteligible y atemorizador misterio del universo.

Dramatizada, cantada o declamada desde las culturas más remotas, la muerte ha sido envuelta pródigamente en todo tipo de figuras literarias, tantas como diversas son las formas de percibirla por los humanos. Desde el miedo -que es con amplia ventaja su mayor ascendente-, hasta el efecto inspirador como posible vía de transición hacia otras vidas. Son extremos sobre los que gravita una rica glotología cuyos detalles sobrepasan el objetivo de estas notas. Lo que nos importa para el caso es el modo en que la metáfora servida por el poema de Thomas lograría resumir todos los demás recursos lingüísticos empleados para expresar nuestras sensaciones ante la finitud de la vida.

En Palabras para llenar la muerte, la más reciente publicación de la Editorial Dos Islas, abundan muchos y muy buenos ejemplos de esos recursos. Pero, como no podría ser menos, ya que se trata de un libro que reúne poemas sobre la muerte escritos por tres magníficos poetas, Odalys Interián, Abel Germán y Andrés Díaz Castro, remite particularmente al símil basado en los versos de Dylan Thomas.

La idea del agujero negro que nos absorbe sin distinciones sea cual fuere nuestra posición ante su impacto, otorga un equilibrio especial (y un valor agregado, estéticamente hablando) a este poemario con tres enfoques de esencias dispares acerca de la muerte, pero que, no obstante, armonizan para establecer un corpus único, indivisible casi podríamos decir, gracias al portento de la poesía.

Odalys vive con la muerte a cuestas, arrastrándola como en una especie de feroz consuelo por mantener vivo el recuerdo de sus íntimos fallecidos (Me quedo como Dios/ recojo la expatriada figura de tu sombra/ las inútiles migajas / rondando los abismos/los estériles verbos de la oscuridad…). Andrés se muestra en shock, paralizado ante el fallecimiento de un ser amado, inerme y descreído (La eternidad es la/ mirada de un búho de/ piedra en el corazón de/ la noche…). Abel cree haber visto cómo la muerte se le acercaba (La Nada se viste de mí, imita mis gestos, se divierte/ borrándome…). Odalys no encuentra refugio, ni consuelo, más allá de sus versos (Estoy en la aislada/ memoria donde se quedan/ los ruidos de la muerte…). Andrés se amuralla en su dolor, negado a pasar página (Los olvidos huelen a oquedad tremor infecto que sustancia la ruina del tiempo). Abel, desafiando el razonable temor, escupe a la muerte para mantenerla a distancia, como suelen hacer los camélidos ante algo que los importuna (Dos veces me han rozado las balas… dos veces. Y/ no dejo de correr en zigzag como/ corre todo el que huye/ La vida es eso

Sin duda alguna, la vida es eso (o así también lo creo yo). Razón por la cual reluce tan vívido este poemario que sintetiza en cada pieza la esperanzadora salud de la poesía cubana contemporánea, reafirmación de que, por más absorbente y enigmática que resulte la muerte, siempre el acto de vivir seguirá generando maravillas. Así como la poesía continúa siendo más vivaz que la propia vida.

José Hugo Fernández, Miami, septiembre de 2025.



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 El escritor habanero José Hugo Fernández ha publicado una treintena de libros, entre ellos, las novelas Los jinetes fantasmas, Parábola de Belén con los Pastores, Las mariposas no aletean los sábados, Mujer con rosa en el pubis, Florángel, El sapo que se tragó la luna, El tigre negro, Cacería, Agnes La Giganta o El hombre con la sombra de humo; los libros de relatos La isla de los mirlos negros, Yo que fui tranvía del deseo, Hombre recostado a una victrola, Nanas para dormir a los bobos, Muerto vivo en Silkeborg o La novia del monstruo. Los libros de ensayos y crónicas  Siluetas contra el muro, Los timbales de Dios, La explosión del cometa, Rizos de miedo en La Habana o Entre Cantinflas y Buster Keaton. Reside actualmente en la ciudad de Miami. 



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